Una abadía del siglo XII en el corazón de Ribera del Duero

Abadia Retuerta

Abadía Retuerta participa un año más en FINE #WineTourism Marketplace 2026. Con más de ocho siglos de tradición vitivinícola documentada, una Denominación de Origen Protegida propia y una finca de 700 hectáreas junto al río Duero, la bodega vallisoletana vuelve a la feria una propuesta de enoturismo que va mucho más allá de la visita a una bodega.

El Monasterio de Santa María de Retuerta fue fundado en 1146.

Un viñedo con memoria de siglos

La vid lleva en estas tierras desde los inicios de la era cristiana, cuando los romanos extendieron su cultivo por el norte peninsular hasta las orillas del Duero. Fueron los monjes del Monasterio de Nuestra Señora Santa María de Retuerta quienes, a partir del siglo XII, perfeccionaron el cultivo del viñedo y dominaron la elaboración del vino. En el siglo XVII, los vinos de Retuerta dominaban el mercado de Valladolid, entonces la mayor ciudad castellana, y se servían más de 125.000 litros anuales al monasterio de la ciudad.

La desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, la llegada de la filoxera y los cambios en las prioridades agrícolas del siglo XX fueron borrando ese legado. En 1953 se arrancaron viñedos para pasarse al cereal. En los años 80 se arrancaron las últimas cepas.

El renacimiento llegó en 1988, cuando la compañía Sandoz adquirió la finca y decidió recuperar la tradición vitivinícola. En 1994 se incorporó al proyecto el vigneron Pascal Delbeck, procedente de Château Ausone, quien proyectó la bodega actual, construida en 1996. Ese mismo año se unió al equipo Ángel Anocíbar, actual enólogo y director de Viñedo y Bodega.

Desde principios de 2022, Abadía Retuerta cuenta con su propia Denominación de Origen Protegida, reconocida por la Comisión Europea. Un reconocimiento ligado a más de ocho siglos de historia vitivinícola, a la recuperación del viñedo histórico mediante prácticas ecológicas y al conocimiento acumulado sobre el microclima de la finca durante los últimos 50 años.

Un terruño de 54 parcelas entre el Duero y las laderas

El río Duero vertebra el paisaje y define el carácter del terruño de Abadía Retuerta. El equipo identificó 54 parcelas diferenciadas en función de la variedad plantada, el tipo de suelo, la exposición y la altitud: unas a 720 metros, colindantes con la abadía; otras a 850 metros, en las laderas al otro lado del río. Suelos calizos, molasas arcillo-calizas, sedimentos arcillosos, arenas y gravas arenosas conviven en una misma finca, dotando a cada vino de una personalidad propia e inimitable.

El valle en el que se asienta Abadía Retuerta es más estrecho que el resto de la Ribera del Duero, lo que provoca descensos de temperatura significativos entre puntos de la finca y registra las temperaturas más gélidas de la provincia de Valladolid. Esas oscilaciones térmicas entre el día y la noche, unidas a los suelos pobres, generan las condiciones ideales para el cultivo de la vid.

Cada parcela se elabora de manera individual, con el máximo respeto a la uva y utilizando la gravedad en todos los procesos.

Del globo aerostático a la Cueva de los Monjes

La propuesta de enoturismo de Abadía Retuerta es una de las más completas y diversas del panorama nacional. La Inmersión Enológica la abadía románica del siglo XII, el huerto orgánico, los viñedos en vehículo privado y concluye con una cata comentada de siete vinos. La Cata de Añadas Históricas permite acceder a vinos guardados desde 1996 en la Cueva de los Monjes. La Cata de Barricas profundiza en los procesos de maduración en el corazón de la sala de barricas.

Más allá del vino, la finca ofrece paseos a caballo, picnic en e-bike por viñas y bosques, vuelo en globo aerostático al amanecer sobre los viñedos y el Duero, observación estelar desde el Jardín de los Monjes frente al ábside románico, cetrería, talleres de flores y una experiencia dedicada a las abejas y la producción de miel propia de la finca.

En el corazón de todo, la Abadía de Santa María de Retuerta, restaurada y convertida en un hotel de cinco estrellas, completa una oferta de destino que combina historia, naturaleza, gastronomía, bienestar y vino en un mismo enclave a menos de dos horas de Madrid.